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Sobre la inteligencia artificial, la libertad y la organización

11 de julio de 2026· 9 min de lectura

La Libertad llega hasta donde llega el poder de cada uno. Asumamos eso, de momento. Una persona sin ninguna capacidad de acción no es libre, tenga los derechos que tenga sobre el papel. La ley de la selva, al final, no es más que eso: la libertad de cada uno llega hasta donde llega su fuerza.

Precisamente por eso no creo que la existencia de leyes coarte necesariamente mi libertad. Si dejamos la libertad únicamente en manos del poder que cada uno sea capaz de ejercer, la libertad del fuerte termina convirtiéndose en el límite de la libertad de todos los demás.

Las leyes son un consenso social y han servido para alcanzar los estados de bienestar que ahora disfrutamos y de los cuales nos quejamos, precisamente, porque los tenemos. Gracias a la existencia de las leyes podemos quejarnos de que existan e intentar mejorarlas. No hay libertarios sin leyes, igual que no hay libertad individual que no descanse sobre algo construido colectivamente. Hasta quien reclama que el Estado no interfiera necesita contratos, propiedad reconocida, tribunales, moneda e infraestructuras para poder reclamarlo.

La libertad, entendida así, es la capacidad efectiva de elegir y actuar dentro de unas condiciones materiales, cognitivas y sociales determinadas, y no la ausencia de todo límite. Una ley puede limitar una acción concreta y, al mismo tiempo, ampliar el conjunto de vidas que muchas personas pueden vivir. La sanidad pública, la educación, los derechos laborales o la protección frente al abuso restringen ciertas conductas y a cambio producen capacidades. Construyen parte del suelo sobre el que ejercemos la libertad.

Todos estamos atados a infinitos condicionamientos y circunstancias, claro. Pero no todos los condicionamientos reducen de la misma manera nuestra capacidad de elegir.

No es lo mismo elegir entre dos trabajos pudiendo rechazar ambos que elegir bajo la amenaza de no pagar el alquiler o no comer. En las dos situaciones hay opciones. Solo en una existe margen. Tener dos caminos delante no significa que puedas elegir entre ellos si la necesidad ya ha votado antes que tú.

La precariedad no elimina necesariamente nuestra capacidad de decidir, pero reduce la libertad efectiva desde la que decidimos. Vivir bajo presión económica estrecha las opciones, reduce el margen de error y ocupa parte de la atención con necesidades urgentes. La investigación sobre escasez financiera encuentra efectos sobre el rendimiento cognitivo, aunque no permite reducir la pobreza a una deficiencia individual ni afirmar que las personas pobres sean peores decisores.1 El pobre elige tan bien como cualquiera. Lo hace dentro de una arquitectura de opciones más estrecha y punitiva.

El dinero no es el único condicionamiento común, pero en nuestra sociedad funciona como el convertidor general de muchos de ellos. Compra tiempo, seguridad, vivienda, alimentación, acceso a conocimiento y la posibilidad de equivocarse. Compra incluso la posibilidad de decir que no. No garantiza la libertad, pero su ausencia reduce muchas de las condiciones materiales necesarias para ejercerla.

Donde termina tu poder termina tu libertad. Donde termina tu capacidad de acción y de cambiar tus condiciones materiales y vitales se acaba también una parte de tu libertad.

La política debería ser nuestra forma de organizar la libertad. Deja de servir cuando el poder vocifera la palabra Libertad sin hacer nada para que todos lo seamos más.

Creo que el mundo vive un desencanto con las políticas que no han sabido atacar los problemas fundamentales de las personas. En España hemos aprobado avances necesarios, y a la vez hemos dejado sin tocar la estructura que decide quién puede permitirse disfrutarlos: la vivienda, el salario, el tiempo. Los derechos conquistados no sobran. Pero reconocer una consecuencia no transforma la estructura que la produce, y podemos celebrar avances sin construir al mismo tiempo las condiciones materiales que permiten vivirlos.

Después de casi medio siglo de democracia, después del parón, hemos confundido la conquista del derecho a delegar con la renuncia a participar entre una delegación y la siguiente. Metemos un papel en una caja cada cuatro años, nos repantigamos en el sofá y le gritamos a la tele lo mal que lo hacen los que mandan. Yo el primero.

Mientras tanto, la sociedad no está desorganizada por igual. Las empresas se organizan. Los propietarios se organizan. Los inversores, los sectores económicos, los partidos y las plataformas tecnológicas se organizan. Quienes estamos comparativamente desorganizados somos los ciudadanos cuando actuamos como trabajadores, inquilinos, consumidores y participantes en las decisiones tecnológicas.

En esta era de decepción con los sistemas democráticos nos dan las mentiras envueltas en una loncha de pavo, como la medicina a un perro enfermo. Los Estados llegan a los problemas globales con la soga al cuello, lista para ser apretada por lo que sus propios entusiastas llaman technocapital machine, como si fuera un fenómeno meteorológico y no un puñado de consejos de administración. La inteligencia artificial corre el riesgo de convertirse en la herramienta favorita de quienes fabrican ilusiones de libertad.

No me preocupa principalmente que la IA quite empleos. Me preocupa que concentre tanto la capacidad de decidir que incluso quienes conserven su trabajo pierdan libertad y poder de negociación.

La mayoría de los empleos no están formados por una sola tarea. La IA empezará sustituyendo o modificando tareas cotidianas y poco a poco cambiará procesos enteros, qué conocimientos siguen siendo valiosos, quién supervisa a quién y quién se apropia de la productividad. La OIT calcula que uno de cada cuatro trabajadores está en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa, pero considera más probable la transformación de los trabajos que su desaparición completa.2

Un trabajador puede conservar formalmente su empleo y perder, al mismo tiempo, autonomía, conocimiento del proceso y capacidad para discutir cómo se hace su trabajo. Puede terminar convertido en el supervisor de un sistema que no controla, entrenado con datos que no conoce y cuya productividad beneficia principalmente a otros.

La IA puede reducir nuestra libertad sin sustituirnos. Basta con que aumente la capacidad de decisión de quien controla la herramienta mientras reduce la de quien tiene que utilizarla.

Y, aun así, creo que la IA puede convertirse en la solución de muchos de los problemas de la humanidad. Puede liberar tiempo dedicado a tareas mecánicas, extender conocimientos médicos y educativos, ayudarnos a gestionar sistemas energéticos y ecológicos, acelerar la investigación científica y hacer accesibles capacidades que antes estaban reservadas a grandes organizaciones.

La misma mejora de productividad puede convertirse en más tiempo libre, mejores servicios y riqueza común, o en despidos, vigilancia, intensificación del trabajo y mayor beneficio para los propietarios. La tecnología permite ambos caminos. La relación de poder decide cuál se toma.

El problema no es que una máquina pueda hacer demasiadas cosas. El problema es que cuatro o cinco poderosos puedan decidir qué debe hacer, para quién y bajo qué condiciones.

La concentración no es una fantasía. En 2025, la industria produjo más del noventa por ciento de los modelos de frontera considerados relevantes por el AI Index de Stanford.3 Millones de personas pueden utilizar los mismos sistemas sin participar en su dirección. Ser usuario de una herramienta no equivale a tener poder sobre ella.

Nos venderán como democratización que todos podamos preguntarle algo a la misma máquina, aunque solo unos pocos puedan decidir cómo funciona, qué aprende y para qué se utiliza. Y ya ni siquiera eso se cumple. Hay modelos de frontera a los que no puede acceder cualquiera.

¿Cuál es la catadura moral de quienes nos cierran el acceso a unos modelos entrenados con todo lo que pudieron rebañar de nosotros?

Hay un componente que puede pasar desapercibido en los anuncios de nuevos modelos. Se venden como una entidad que te ayuda con tus problemas, con aquello a lo que tú no llegas. Te automatizo un invernadero y además te indico qué necesitas para montártelo tú. Te ayudo a crear y gestionar un pequeño negocio. Te ayudo a mover la frontera del conocimiento donde nadie había pisado antes.

Por ahora los que tenemos los problemas aún somos nosotros.

Nosotros sentimos el picor o la incomodidad de necesitar arreglar algo que no va bien, de intentar sobrevivir y de intentar saber más. Nosotros definimos el problema y la máquina nos ayuda. Pero el siguiente salto ya está en marcha. Ya entrenamos la proactividad: máquinas que trabajan en bucle, que se despiertan solas para comprobar si algo ha cambiado, que detectan lo que no encaja y proponen qué hacer con ello. Hoy el disparador de esos bucles todavía lo definimos nosotros; decidimos qué merece despertar a la máquina y cuándo. No creo que dentro de poco haga falta.

Si delegamos la ejecución, ampliamos nuestra capacidad de acción. Si delegamos también la definición del problema y la elección del objetivo, podemos estar delegando una parte de nuestra agencia.

La pregunta de fondo va más allá de si las máquinas tendrán iniciativa. Importa de quién será la iniciativa que aprendan a reproducir, qué incomodidades aprenderán a detectar. El hambre, la desigualdad y el deterioro ambiental, o aquello que reduce la rentabilidad de quienes las entrenan.

No sabemos hasta dónde llegará la transformación, pero sí sabemos que quienes controlan la infraestructura ya se están organizando para decidir cómo aprovecharla. Esperar a conocer todas las consecuencias antes de organizarnos significa permitir que esas consecuencias sean decididas sin nosotros.

Decir que el movimiento se demuestra andando es como decir que el motor del cambio es una lucha contra la inercia.

La inercia puede ser una ventaja o una desventaja. Es una ventaja para una de las partes, siempre contra la otra. Quienes ya deciden cuentan con instituciones, capital, infraestructura y coordinación. No necesitan ponerse de acuerdo desde cero cada vez que aparece una tecnología nueva. Su organización ya existe. Tienen la ventaja de la inercia, y el dinero tiene mucha.

Levantarte de la cama, luchar contra el estado mínimo de energía, desprenderte del atractor que es simplemente dejar que pase todo, también es una pelea contra tu inercia. Y esa pelea solo te la puedes permitir si no vives al día.

Las revoluciones sociales, los cambios de régimen y los cambios de fase son una ruptura con una inercia vital y social, y un aglutinamiento. Romper la inercia pide más que movimiento. Hace falta que una fuerza dispersa se reconozca, se junte y sea capaz de producir otra dirección.

Si quienes dirigen esa maquinaria hablan de estos temas entre ellos, nosotros tenemos que hablar de ellos entre nosotros: entre los trabajadores, entre los vecinos, entre los amigos.

No basta con aprender individualmente a utilizar la herramienta para competir mejor contra quien tenemos al lado. Mientras nosotros competimos por adaptarnos individualmente, quienes poseen la infraestructura deciden colectivamente las condiciones de esa adaptación.

Tenemos que construir poder a todos los niveles.

Poder personal para comprender la tecnología y no delegar ciegamente. Poder dentro del trabajo para negociar qué se automatiza, qué datos se utilizan, cómo se evalúa nuestro desempeño y cómo se reparte la productividad. Poder sectorial para evitar que cada trabajador y cada empresa entren por separado en una carrera hacia abajo. Poder público para que los Estados puedan investigar, regular y prestar servicios sin depender completamente de proveedores privados. Poder internacional para que los límites no desaparezcan en cuanto una empresa encuentre otro lugar con menos resistencia.

Nadie pide que todas las decisiones las tome todo el mundo. Basta con que quienes soportan las consecuencias puedan discutirlas y con que ninguna concentración de poder quede fuera de control por el hecho de presentarse como innovación tecnológica.

Lo que afecta a un equipo debe discutirse con el equipo. Lo que afecta a un sector debe negociarse en el sector. Lo que afecta al conjunto de la sociedad necesita instituciones públicas. Lo que atraviesa fronteras necesita cooperación internacional.4

La democratización de la IA no consiste en que todo el mundo pueda utilizar un chatbot. Consiste en que exista poder personal, laboral, social, público e internacional suficiente para decidir cómo se utiliza y cómo se reparten sus beneficios.

En todos los aspectos de nuestra vida como sociedad existirá IA hasta el fin de la humanidad. Puede ser una de las mejores herramientas que hayamos construido. Precisamente por eso su dirección no puede pertenecer únicamente a quienes poseen el capital y la infraestructura para desarrollarla, y cuanto mayor sea su capacidad para transformar nuestras condiciones materiales, mayor deberá ser nuestra capacidad colectiva para decidir sus objetivos, sus límites y el reparto de sus beneficios.

Es hora de aprender a usar la herramienta con la que nos van a intentar gobernar, y de usarla para recuperar poder personal con el que construir poder común.

La libertad no aparecerá como consecuencia automática del progreso técnico. Habrá que organizarla.

Notas§

  1. Véanse Mani et al., Poverty impedes cognitive function, y la revisión cuantitativa Financial scarcity and cognitive performance. La relación existe, pero está mediada por educación, estrés, intensidad y duración de la escasez; no justifica atribuir una deficiencia estable a las personas con menos ingresos.

  2. Organización Internacional del Trabajo, Generative AI and jobs: A 2025 update.

  3. Stanford Institute for Human-Centered AI, The 2026 AI Index Report: «Industry produced over 90% of notable frontier models in 2025». Verificado el 2026-07-16.

  4. La consulta a los trabajadores tiene respaldo empírico. Según la OCDE (Social dialogue and collective bargaining in the age of artificial intelligence), quienes utilizan IA valoran mejor sus efectos sobre el rendimiento y las condiciones laborales cuando ellos o sus representantes han sido consultados.